04
noviembre
Volviendo al origen en búsqueda de la paz
No protegemos lo que no amamos y no amamos lo que no conocemos.
Por: Andrés Cifuentes Gaitán.
En Colombia, no habrá paz hasta el día en que nos conozcamos. Los colombianos no
sabemos con quiénes compartimos el país que habitamos y la principal razón es que no
sabemos quiénes fuimos. Nuestro país es famoso en el mundo por ser uno de los países
más biodiversos y multiculturales; pero para los colombianos, ser tan diferentes entre
nosotros mismos, en lugar de verse como una de nuestras más grandes riquezas, ha sido
vista históricamente como una barrera y la razón principal para imponer nuestro
pensamiento sobre el pensamiento del otro.
Desde que el territorio que llamamos Colombia fue conquistado por los españoles, hemos
estado desconectados los unos de los otros. Hoy, no solo estamos desconectados de
nuestras tres raíces étnicas: la indígena, la española y la africana; sino que estamos
desconectados de la naturaleza, y como nosotros somos naturaleza, estamos
desconectados de nosotros mismos.
Y para reconectarnos, debemos comenzar por conocernos a nosotros mismos. Para ello,
debemos comenzar por saber quiénes fuimos, cómo pensábamos, cuál era nuestra
cosmovisión y hasta cuál era nuestra forma de amar y de resolver nuestras diferencias.
Para reconectarnos debemos comenzar por el principio, por el origen. Por eso es
importante conocer los relatos míticos de la creación del universo para los pueblos
indígenas y afrocolombianos. El siguiente, es el relato de la creación del universo para el
pueblo indígena Muysca, uno de los ciento diez y seis pueblos indígenas que hoy en día
habitan el territorio que llamamos Colombia.
«Cuentan nuestras abuelas y abuelos sabedores muyscas que antes del principio ya existía
la Madre Abuela Bagüe. Ella no era un ser, era pensamiento y memoria.
De la Madre Abuela Bagüe surgió un estornudo cósmico que dio origen a una fuerza en
espiral llamada Chiminigagua. En el infinito del espacio, en medio de la oscuridad,
Chiminigagua era la única luz que existía.
De la energía de Chiminigagua surgieron cuatro cóndores, quienes al alzar vuelo
comenzaron a emanar de sus picos la luz de Chiminigagua, y de esa luz surgió Xuá, el Sol;
Chía, la luna; y la Hischa Guaia, la Madre Tierra; y de la Hischa Guaia o Madre Tierra
surgieron las piedras, las rocas y las montañas; de las montañas surgieron los lagos y
lagunas; de los lagos y lagunas surgieron los caños, quebradas y ríos. Y de la tierra y el agua
surgieron las plantas y los animales, incluidos los seres humanos».
Conocer formas diferentes de ver la vida enriquece nuestro camino. Puede que eso no
cambie lo que pensamos, pero si hará que entendamos a quien piensa diferente. Si
aprendemos a conocemos, podremos entendernos, respetarnos, tolerarnos y querernos.
Conozcámonos para construir una Colombia en paz.
